Miedo, eso que todo el mundo cree que no tiene, eso que nos
bloquea, eso que nos mata por dentro. Miedo. Una sensación, cinco letras, una
palabra, miles de personas que lo sufren.
Dicen que el miedo a veces es bueno porque te salva de muchas cosas,
pero yo no lo veo así. Odio ese sentimiento que tantas veces me impide ser yo,
que me impide disfrutar de lo bonito de la vida, que me impide dar lo mejor de mí
a mi gente. Es ese puto sentimiento que día tras día me come por dentro.
Pero
no creas que esos miedos no se pueden superar, porque siempre puedes ponerles
punto y final, pero no intentes hacerlo solo porque con ayuda es mucho más
fácil. No te calles tus miedos porque, aunque tu creas que no pueden contigo si
los compartes a lo mejor alguien con el mismo miedo juntos lo superáis, o
alguien que no tiene ese miedo y tú no tienes uno de los de la otra persona
podéis apoyaros mutuamente. Y es más fácil romper esa barrera con apoyo, con
alguien que cuando no te queden fuerzas te diga: “Tú puedes”.
Y a lo mejor no
consigues que desaparezca a la primera, pero eso no significa que ese miedo es
invencible, no te rindas, no hagas que el miedo se vea más fuerte que tú, solo
tienes que ponerte enfrente de él y decirle: “Conmigo no vas a poder nunca”.
Cuando le ganes y ese miedo desaparezca por siempre de tu interior verás que
todo esfuerzo ha merecido la pena, que todas las lágrimas y gotas de sudor no
han sido en vano.
Lucha todo lo que puedas, con todas tus fuerzas y
demuéstrale al miedo quien es el que manda.
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